La Totalidad Destella
La totalidad destella mi mirada cuado sé bendecirme con el tiempo
La ley de las elipses (en espejo) conjuran el crisol de la presencia
Soy feliz. Soy: y se es feliz.
Encuentro nuevos ritmos, más sinceros, más llenos de amplitud:
Cardúmenes de luces que me hablan claramente. Lo entiendo todo:
me relajo, permito recostarme un rato más.
¿Para qué inventarme la imaginación donde modulo al tiempo?
(si el tiempo está cristalizado en sus mares planetarios y me envuelve)
Más es diluirme en el placer perfecto, (sin más...) decidir y sublimarme.
La forja espera su metal, paciente.
Es forja por comprender que el metal le corresponde y no hay otro estado que la espera
espera como acción en sí, como cuerda en el tejido del gran cuerpo.
Ayer me hablaron los incendios futuros de la luna,
que están luchando desde el germen la reivindicación de lo imposible.
Su lengua es de agua y sal, y promete en cada letra el útero donde se soñarán los sueños.
Retumbos, apertura, choque. Recibir la estela del sentido entre la máquina.
Imaginar el lenguaje de las cosas hasta oírlo. Rendirse en la Belleza y darlo todo, ser la ofrenda y la palabra que se busca.
Creo en el aire haber sentido lo real, cuando la gota reflejaba el último gemido de la luz,
y me entregué tanto que un verbo se unió con quien yo era y nos volvimos lo siguiente.
Viniendo el fruto a nuestro encuentro, en vez de ir para tomarlo.
Dejo que caiga desde adentro y su ternura inunda la verticalidad del canto
con que la roca recibe a las estrellas y la luna, y el sol, en tránsito, todo en tránsito consigo misma,
y yo, yo... tranquila entre los dones de la inmensidad.
Terminando el hambre de intentarlo.
Solo haciendo lo que es y estaba hecho.
El tallo es múltiple, dorado e infinito, me entrelaza con el vórtice y me ama.
Esfera de sonoras maravillas,
puerta del íntimo secreto,
eco de mi sueño original.


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